Extracto del libro «Malak» cap 14 | Paul OGarra
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Extracto cap cuatorze. La mujer solo puede describirse como majestuosa: su porte, su belleza, sus enormes ojos; sostiene a una niña pequeña por los hombros, quien también camina con actitud segura y es asombrosa al mirarla, ya que sus rasgos son los de un ángel: suave, angelical, encantadora. En ese preciso instante, un rayo de luz, ya sea del sol o de una bombilla, que se ha colado, aprovecha la oportunidad para posarse en su rostro. El General mira en redondo para localizar la fuente de la luz, pero no la encuentra. Un escalofrío supersticioso le recorre el cuerpo y se lo sacude. El Capitán da un paso hacia delante.

––General, permítame que le presente… ––pero no tiene ocasión de terminar porque la pequeña se escapa de las garras de su madre.

––No te tenemos miedo ––chilla con su vocecilla, apuntándole acusadoramente al General, su madre corriendo hacia ella. Durante unos segundos reina el más absoluto silencio; todos los ojos están posados en Chenouali, no sabiendo qué esperar. Se ha quedado helado. Intenta pensar qué está pasando y entonces, en lo más profundo de su mente, empiezan los gritos, pero los acalla. “Están esperando, Khizr,” piensa, armándose de valor. Entonces la sospecha de una sonrisa aparece en su rostro.

––¡Malak! ¡Malak! Lo siento mucho.

––No, por favor, déjela acercarse, señora––. Toda la tienda está observando en fascinado silencio la escena entre la pequeña y el poderoso General. ––Dime, Malak, ¿por qué deberías tenerme miedo? Yo pensaba que erais mis invitadas y también mis amigas.

––Nunca hemos tenido amigos, y yo siempre he tenido que pelear para proteger a mi hermana. Ahora tenemos ropa y comida, pero Jeedah me dice que no confíe en ti hasta que tus ojos sean honestos.

Él llama con un gesto a Masuhun, quien se acerca rápidamente. ––¿Quién es esa Jeedah?

––Está muerta.

El General le mira con expresión vacía, suavizando la mirada al posarle de nuevo en Malak.

––¿Y mis ojos no son honestos, Malak?

Pero ella no responde. Se ha acercado con infantil inocencia justo hasta donde él está reclinado; sus guardias no se atreven a interferir, o quizás no desean hacerlo.